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 ¿Hasta cuándo un petróleo barato?

21/09/2017 7:00

Plataforma petrolífera 'offshore' situada frente a las costas de Tarragona. REPSOL

Decir a dónde va a ir el precio del petróleo es exponerse siempre a hacer el ridículo. O a demostrar por la vía de los hechos la veracidad de la frase del economista keynesiano John Kenneth Galbraith: "Las predicciones en economía se han hecho para hacer que la astrología parezca respetable". Pero no deja de ser paradójico que, con respecto a Galbraith, otro keynesiano, el Nobel Paul Krugman, escribiera que "su reputación entre el público no parece haber sufrido a pesar de sus errores". 

El precio del petróleo sigue una dinámica que, según los expertos, no se ha roto, y que, en último término, se reduce a oferta y demanda. Si el crudo es caro, la inversión en producción sube, los consumidores compran menos, y la búsqueda de fuentes de energía alternativas aumenta, hasta que la demanda se frena o cae y, con ella, el precio. Entonces, la inversión cae, la producción deja de alcanzar el consumo, y los stocks se acumulan. Hasta que al final se bombea tan poco petróleo que el precio vuelve a subir. Y recomienza el ciclo. 

Claro que la del petróleo es una industria intensiva en capital, en la que las inversiones llevan años. Así que, cuando los consumidores empiezan a consumir menos crudo, la producción todavía está aumentado. Y, a su vez, cuando la demanda repunta, la inversión es baja y la oferta tarda tiempo en cubrir las necesidades del mercado. Eso exacerba las subidas y bajadas. En principio, eso es lo que está pasando ahora. El jueves, la Agencia Internacional de la Energía (AIE), que es la organización dependiente de la OCDE que actúa como think tank de los países industrializados importadores de crudo, revisó al alza su previsión de aumento de la demanda mundial para este año, de 1,5 a 1,6 millones de barriles diarios, fundamentalmente debido al aumento del consumo en Europa y EEUU. En julio, la cantidad de crudo almacenada en las economías industrializadas no aumentó, como suele ser habitual en ese mes, sino que se mantuvo estable. Ése es otro signo de que la demanda está arrancando. De hecho, el precio medio del barril de Brent, el crudo que se utiliza como referencia en Europa, es en lo que va de año de 52 dólares, un modesto, pero significativo 15% más que en 2016. 

Reequilibrio del mercado

Así pues, parece que vamos camino de un reequilibrio del mercado, es decir, de un nuevo ciclo alcista del precio. Peter Schopp, manager del fondo NN (L) Energy, que invierte en grandes petroleras, ha escrito en una nota a sus clientes que "se espera que la demanda de crudo crezca a un ritmo de 1,5 millones de barriles al día en los próximos cinco años". Nada ha cambiado. 

O tal vez... sí hayan cambiado las cosas, y esta vez sea diferente. Aunque siempre que uno se formula esa idea debe recordar lo que dijo el financiero John Marks Templeton: "Las cuatro palabras más caras en la lengua inglesa son this time is different". La cuestión es que el reequilibrio llega mucho más despacio de lo que el propio mercado esperaba. Eso puede obligar al cartel formado por los productores de la OPEP más Rusia, Kazajistán, y México, a extender más allá de marzo próximo el recorte de la producción en 1,8 barriles al día que pactaron en marzo de 2016.

Esta vez, la cuesta arriba para los productores es más pronunciada. Y el margen de subida del crudo parece más reducido que en el último, y espectacular, ciclo alcista. El mejor ejemplo de ello es que Arabia Saudí está preparando la salida a Bolsa en 2018 o 2019 de Aramco, su petrolera estatal, y posiblemente la única empresa capaz de competir con Apple en la carrera para convertirse en la primera compañía de la Historia con un valor de mercado de un billón de dólares (940.000 millones de euros). 

Que Riad quiera realizar una privatización parcial de Aramco que implique someter al escrutinio de los inversores a una compañía que ha servido, literalmente, como cajero automático a la familia real saudí, indica que el líder de la OPEP es consciente de que los ingresos por petróleo no van a volver a donde estaban. 

Dificultades

Hay factores que complican la capacidad de los productores de imponer precios más altos. El más obvio es la creciente eficiencia energética de todo el mundo. Y el más directo es la fracturación hidráulica, el llamado fracking, que ha convertido a EEUU en uno de los mayores productores del mundo y, además, le ha permitido empezar a exportar petróleo por primera vez en cuatro décadas. En teoría, se suponía que el fracking iba a dejar de ser rentable cuando el barril cayera por debajo de los 60 dólares. Sin embargo, ha resistido la presión. Primero, los productores apretaron las tuercas a los proveedores; después, mejoraron su propia tecnología para hacerla más eficiente; y, ahora, se están viendo inundados por una masiva afluencia de capital de Wall Street. Acaso el fracking esté viviendo su propia burbuja, como las empresas tecnológicas en los años 90. Pero, mientras tanto, sigue bombeando petróleo y también gas natural, que reduce la demanda de carbón y crudo. 

El fracking tiene otra ventaja competitiva: requiere muy poco tiempo -sobre todo si se le compara con las operaciones de petróleo convencional- para poner sus pocos a producir. Eso hace que las empresas puedan adaptar su producción a la demanda, y es una de las claves que le ha permitido escapar de la crisis de las arenas bituminosas de Alberta, en Canadá, otro petróleo no convencional que se ha visto mucho más golpeado por la crisis.

Así que el petróleo deberá ir subiendo poco a poco. Salvo, claro está, que no lo haga. Porque éste es un mercado muy complicado, en el que los análisis convencionales a menudo no funcionan. En el petróleo existen factores políticos -incluyendo las guerras de Oriente Próximo-, regulatorios -la reforma de Wall Street de 2010 ha obligado a los bancos de EEUU a reducir masivamente sus operaciones en esta fuente de energía-, industriales, de divisas -el petróleo cotiza en dólares, y suele moverse de manera inversa a la divisa estadounidense-, y financieros -cada barril, en promedio, es vendido y comprado 50 veces, aunque en la inmensa mayoría de los casos esas operaciones sólo son en pantallas de ordenador, o sea, no con lo que se llama petróleo físico-. 

Para tratar de entender un poco el funcionamiento del petróleo, MERCADOS ha preguntado a Jeff Katz, jefe de Commodities de JP Morgan, el mayor banco por activos de EEUU. "Las cosas cambian en el mercado", explica. "A veces hay paradigmas [del crudo] con el dólar, y a veces no. En ocasiones, el dólar se fortalece en un contexto de riesgo, y eso se filtra en el mercado del petróleo. Unas veces, el crudo cotiza en función de los fundamentales del mercado; otras, lo hace dependiendo del entorno macroeconómico. Eso es algo que pasa en muchas otras materias primas, sobre todo en las agrícolas". 

Cuestión de liquidez

Encima, en el mercado del petróleo hay pocos derivados "exóticos", lo que hace, según Katz, que "la liquidez sea infinitamente peor que, en por ejemplo, el mercado de divisas", dado que los traders no pueden emplear esos productos financieros para limitar sus riesgos. Y eso se suma a un problema adicional en todo el trading de materias primas, según Katz: "El activo subyacente". O sea, que aquí no solo cuenta lo que sale en las pantallas, sino el estado de los oleoductos, las rutas de los barcos o, como se ha visto en las últimas semanas, un huracán que dañe el área donde se concentra el refino de crudo de EEUU. 

"Si tienes posiciones en productos refinados, tienes que prestar atención a todos los barcos que están en el agua. Tienes que prestar atención al trading de cada centro financiero porque puede haber oportunidades de arbitraje [es decir, precios diferentes de un mismo producto en distintos mercados que pueden generar la posibilidad de hacer e negocio] que se abren cuando la gente empieza a desviar el envío de barriles de un sitio a otro. Hay que considerar todos esos riesgos básicos y a las diferentes localizaciones. En EEUU, por ejemplo, hay muchos tipos de petróleo con calidad y grados diferentes". 

Con todos esos factores, cualquier previsión puede fracasar. Pero, como en el caso de Galbraith, uno se equivoca y no pasa nada. Ahí está el caso de la portada de The Economist Inundados en petróleo, el 4 marzo de 1999. Claro que aquí nadie puede tirar la primera piedra. Ahí está, en la hemeroteca, la doble página de este periódico del 30 de julio de 2006: "El bioetanol, una solución ante el final del oro negro". Uno los autores de aquel artículo lo es, también, de éste.

Fuente: ElMundo.es

Ocensa
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