Omitir los comandos de cinta
Saltar al contenido principal
SharePoint
Histórico de noticias
  • Home
    • ¿Puede un hombre acabar con la adicción al petróleo?

 ¿Puede un hombre acabar con la adicción al petróleo?

16/03/2018 8:00


Foto: Bloomberg

Lo llaman MBS. Podría ser el acrónimo de un rapero o de una multinacional. Pero MBS es la forma abreviada de Mohamed bin Salmán. No sería raro que esa brevedad de tres letras, que mata los excesos que siguen al común Mohamed, también sea un intento de hacer el mundo árabe un territorio menos ininteligible. No sería raro porque en estos últimos tres años el príncipe Bin Salmán, de Arabia Saudita, se ha acercado a Occidente con una apertura inusual.

Mohamed bin Salmán, de apenas 32 años, no tiene nada de los reyes decrépitos que gobernaron en una época tardía, cuando la muerte les pisaba los talones y el tedio era el único ímpetu de vida. Dicen que Bin Salmán, príncipe y heredero al trono de Arabia Saudita, es la versión moderna de su abuelo, Abdulaziz al Saúd, el hombre que en 1902 dirigió una guerra para unir las tribus de la península y erigir, en 1932, el tercer reino de la dinastía Saúd, hoy Arabia Saudita. También dicen que si los planes de Bin Salmán tienen éxito, estaríamos de cara al cuarto reino saudita, uno guiado por la modernidad.

El plan, Visión 2030, promociona el revolucionario cambio social, económico y político que dirigirá el príncipe: “El primer pilar de nuestra visión es nuestro Estado como el corazón de los mundos árabe e islámico. Reconocemos que Alá el todopoderoso ha otorgado a nuestras tierras un regalo más precioso que el petróleo. Nuestro reino es la tierra de las dos mezquitas sagradas, los sitios más sagrados en la Tierra”, dice el príncipe.

Y aunque para los ciudadanos del mundo islámico, Alá es la esencia de todas las cosas, el petróleo ha sido la única razón por la que el contrato social con la monarquía saudita se ha mantenido por tantos años: lealtad al reino a cambio del bienestar y la generosidad que otorga. Las riquezas del petróleo en el mundo árabe han permitido a este país mantener la ortodoxia cultural y religiosa del wahabismo —corriente político-religiosa que orienta el reino saudita desde el siglo XVIII—, sin los cuestionamientos incendiarios de Occidente. Pero desde hace cinco años, cuando cayeron los precios del crudo, esa comodidad empezó a cambiar.

Karen Elliott House, investigadora del centro Belfer y reportera de The Wall Street Journal, se propuso estudiar la viabilidad del cambio que Bin Salmán perifonea por todo el mundo. Su libro Arabia Saudita en transición de la defensa a la ofensa. ¿Cómo evaluarla? revela que no es la primera vez que el gobierno de la Casa de Saúd propone un viraje económico tan radical. Sin embargo, esta vez la trasformación sí debería ser ineludible.

Dice Elliot que, “para la década de 2005 a 2015, bajo el gobierno del difunto rey Abdullah, el 90 % de los ingresos del Gobierno procedieron del petróleo. El promedio recaudado al año durante esos cinco años fue de US$300.000 millones. Después de 2015 ese promedio cayó a la mitad”. Y mientras, el rey Abdullah derrochó miles de millones de dólares por encima del presupuesto, en educación, salud, en la construcción de megaproyectos, muchos de los cuales, según Elliot, eran improductivos, el pacto de generosidad debía mantenerse. Pero en un país en donde el 80 % de todos los ingresos individuales provienen del Gobierno —sea a través de trabajos o subsidios de todo tipo—, cuando se reduce el gasto oficial, la economía también se reduce.

“Tenemos un caso de adicción al petróleo en Arabia Saudita que es muy grave” dijo Bin Salmán. No es cosa menor que el país que tiene una de las mayores reservas de petróleo —después de Venezuela— quiera transformar su economía con tal vehemencia. Cuando en 2016 salió el plan con el año 2030 como horizonte, el príncipe aseguraba que la diversificación de la economía es vital para su sostenibilidad. “Si bien el petróleo y el gas son pilares esenciales de nuestra economía, hemos comenzado a expandir nuestras inversiones a sectores adicionales”.

El país árabe tiene US$7.000 millones para desarrollar siete nuevas plantas solares y un gran parque eólico este año. El propósito es que para 2023 las energías renovables representen al menos el 10 % de su canasta energética. El parque solar Aramco es uno de los primeros proyectos que impulsan el cambio, pues es la granja solar en funcionamiento más grande del país y cubre un estacionamiento de la compañía petrolera nacional Saudi Aramco, ubicada en Dhahran.

El cambio climático, la volatilidad de los precios del petróleo y el desarrollo de tecnología para potenciar nuevas fuentes de energía son desde hace rato buenos indicadores de la peligrosa dependencia del petróleo. Está claro que Visión 2030 es un plan volcado a la política interna saudita, pero también puede interpretarse como la punta de lanza para el cambio económico mundial que aún hoy no parece prioridad para muchas potencias.

Elliot dice que el plan de MBS “de reformar la economía saudí y aprovechar el potencial de su juventud fue en gran parte un paquete de ilusiones y exageraciones respaldadas por la privatización y, sobre todo, la austeridad. El plan del reino para recortar el gasto público fue una invitación a la inquietud social”, pues la tradición a la dependencia, por medio de subsidios, ha sido tal que los cambios podrían socavar la confianza en el reino. Y aunque el príncipe conoce los riesgos de aruñar esta tradición, su estrategia ha sido distraer con un circo que no era permitido en su país, como cine y conciertos. Pero, agrega Elliot, “abrir cines y permitir conciertos para hombres es poco probable que demuestre una compensación adecuada. Las sugerencias de un aumento muy modesto en algunas libertades personales, incluso para las mujeres, son más atractivas, pero también es poco probable que sean suficientes”.

Fuente: El Espectador




Ocensa
Comentarios

Últimas noticias

Buscar noticias




Etiquetas