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Durante el encuentro, Luis Felipe Ocampo, gerente Legal y de Asuntos Corporativos de Colgas, abordó los efectos que está teniendo la crisis del gas en el abastecimiento, las importaciones y la industria.
Luis Felipe Ocampo (L.F.O.): Hemos vivido de primera mano la crisis de producción en particular de gas natural, que también se ha visto reflejada en GLP. Solo para que tengan una cifra en la cabeza, hace un par de años nosotros importábamos más o menos el 10% del producto, hoy estamos llegando al 60% del producto importado.
L.F.O: La diversificación ha sido una solución muy importante. En un periodo de cuatro meses, por la falta de gas natural, el GLP ha sido un sustituto fundamental y ha permitido mantener la línea de transición. Industrias que estaban muy cerca de transicionar a energéticos altamente contaminantes como el carbón, pero encontraron en el GLP un energético confiable.
En solo 4 meses adecuamos la infraestructura para atender a más de 70 industrias. Además, avanzamos en la ampliación de nuestro puerto de importación de GLP, con una inversión estratégica que consolida nuestro rol como plataforma clave para la transición energética y refuerza la confiabilidad del servicio para los sectores afectados por la escasez de gas natural.
L.F.O.: Esta situación deja una enseñanza clave: la competitividad exige opciones. Colombia ha tenido históricamente una visión muy concentrada, con un solo energético cubriendo gran parte de la demanda nacional, pero los energéticos dependen de los contextos y sus condiciones cambian. Por eso, es fundamental entender que la energía llega a personas, territorios y necesidades específicas. Como empresas, debemos hacer el esfuerzo de comprender esas realidades particulares y contar con alternativas que garanticen continuidad, resiliencia y mejores respuestas para cada sector.
L.F.O.: En los territorios, no se puede hablar de transición energética si primero no se garantizan condiciones básicas para que la energía llegue: seguridad, estabilidad social y capacidad institucional. Además, la transición no puede desconectarse de la realidad del país donde todavía hay cerca de 1.700.000 familias que cocinan con leña. Adicionalmente, Colombia enfrenta una pobreza energética cercana al 23%. A esto se suma que muchas industrias siguen usando combustibles altamente contaminantes. Por eso, el reto central es asegurar el acceso a energéticos menos contaminantes, seguros y asequibles; ahí es donde la transición se vuelve real en el territorio.
L.F.O.: Tenemos que mantener la diversificación. Es mucho más fácil construir una transición si se tienen distintas opciones y las energías renovables pueden soportarse desde la tranquilidad que los energéticos tradicionales no van a dejar a un territorio sin suministro. La peor energía es la que no se tiene y ese escenario no lo podemos vivir. Si construimos la transición energética con un soporte importante, las energías renovables van a entrar primero donde son más eficientes y en los contextos donde son más favorables. Y eso lo debemos tener en cuenta.
L.F.O.: Hoy existe una oportunidad, pero la realidad es que sigue habiendo mucha incertidumbre. La entrada de gas desde Venezuela está sobre la mesa, sí, pero aún no es claro el estado real del gasoducto ni cómo se materializaría la conexión operativa, por ejemplo, cómo conectamos Maracaibo con La Perla y en qué condiciones está esa infraestructura. La incertidumbre es uno de los problemas. Si se abre esa oportunidad, magnífico y el sector está más que listo para aprovecharla, pero en este momento no hay suficiente claridad para darlo por hecho, así que el mensaje responsable es seguir atentos y prepararnos mientras se define el panorama.
Febrero 14 de 2026
Créditos: Semana